Fortuna ¿de qué lado estás?
- cufaneo
- 3 mar 2009
- 2 min de lectura

Uno de los principales aportes a la Teoría Política lo realizó Nicolás Maquiavelo. Previa a toda la demonización que secretario fiorentino recibió a lo largo de los siglos, es interesante seguir rescantando pasajes de una obra rica en contenido pragmático. Pero además, también aporta una cantidad importantes de herramientas para entender el movimiento y los ciclos políticos en cualquier gobierno en la actualidad. Entre todas las cosas que aporta Maquiavelo es entender que nadie, ningún político ni siquiera El Principe, puede estar preparado para todos los avatares que pudiera enfrentar. El florentino describe al político perfecto entre una mezcla de zorro y el león. Así adquiriendo lo mejor de cada uno puede adaptarse a cualquier contexto para preservar su lugar, mantener el Estado, asegurar su principado. Pero aún así, el político perfecto no puede estar preparado para todo. Por qué? Por que la fortuna siempre juega su parte en el asunto. Podrá complicar cualquier proyecto político, hecharlo de bruces y acabarlo con un simple acción. Pero también podrá elevarlo a la primera plana de cualquier situación. Allí llego Nicolás Maduro con la presidencia de Venezuela. Un movimiento popular encabezado por un caudillo carismático, Chávez, que elevó a la primera plana de la política regional a un país devastado. Pero su proyecto encontró un límite, la propia salud del líder. La fortuna eludió al propio conductor. Sin embargo, la misma fortuna catapultó a quien debía ser un jugador secundario. El político que acompañe estratégicamente a Chávez (no son siempre eso los vicepresidentes de la región? Hasta que traicionan a su mismo Gobierno) se encontró de un momento a otro con la banda presidencial. Encabezando movilizaciones multitudinarias y con miles de personas esperando escuchar sus palabras. Maduro fue Canciller y entiende sobre los pensamientos de los líderes regionales y mucho de la política de cada país. Pero deberá entrenarse en cómo enfrentar a los demonios domésticos. Algo que Chávez sabía casi a la perfección. Además de las capacidades personales que Maduro posee, una caricia de la fortuna no le vendría mal a la Revolución Bolivariana.































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